Cineasta pasa de premio en Venecia a prisión en Beirut

El insulto, del director franco-libanés Ziad Doueiri, fue reconocido el pasado viernes en el Festival de Cine de Venecia, cuando Kamel El Basha fue galardonado con la Coppa Volpi al Mejor Actor.

Sin embargo, el retorno triunfal de Doueiri a su patria el domingo se convirtió en una pesadilla cuando fue detenido a su arribo. ¿La razón? Entrar en “territorio enemigo” sin consentimiento previo.

Ello es en referencia a Israel, donde se rodó parte de la película. Algunas escenas están ambientadas en Tel Aviv, donde un médico palestino trata de entender las razones por las cuales su esposa comete un ataque suicida.

Imagínese: esto sucede en Líbano, uno de los países árabes más liberales. Además, Doueiri contaba con el apoyo del ministro de Cultura libanés, quien acompañó al director en Venecia. Figúrese lo que esperaría a alguien como Douieri si regresara a un lugar como Arabia Saudita, donde jeques que nadan en el petróleo relegan a todo el mundo, con excepción de sí mismos, al oscurantismo bajo todo tipo de pretextos religiosos.

Doueiri, cuyos pasaportes francés y libanés fueron confiscados a su llegada, fue interrogado por un tribunal militar libanés pero liberado. Hasta el lunes, sin embargo, su situación seguía siendo incierta.

No sólo estas restricciones violan libertades básicas y son inconmensurablemente idiotas. Tienen un efecto profundamente negativo sobre la cultura en los lugares que más lo necesitan, como los países árabes gobernados por regímenes dictatoriales o democracias frágiles, como la de Líbano, basadas en acuerdos precarios de divisiones tribales de poder.

Mientras tanto, los cortes que se pueden rejuntar en películas y salas de cine serán deshechos por los Estados que están resueltos a parcelar el mundo entre sí en trozos pequeños recortados por controles fronterizos, alambres de púas y enormes barreras ideológicas. Las generaciones futuras mirarán el mundo actual con asombro ante la incompetencia del orden político imperante y los absurdos que imponen a poblaciones que a menudo son más progresistas que sus gobernantes.