Es demasiado pronto para juzgar el acuerdo Microsoft

 

Es demasiado pronto como para decir si la compra de LinkedIn por parte de Microsoft por más de 26.000 millones de dólares seguirá el curso de la adquisición de Nokia, la compañía finlandesa de telefonía móvil, un acuerdo que se hundió y que tuvo que rescindirse, tristemente para todas las partes involucradas. O si será como Skype, un activo estacionario que ciertamente tiene una base de usuarios grande pero que no ha crecido significativamente. Tampoco podemos decir si, en verdad, será revolucionaria. Si hay algo que podemos decir, desde nuestra humilde experiencia, es esto: cuando alguien paga esa cantidad de dinero, querrá, y se sentirá con derecho, a ver resultados pronto. Cuando estos resultados no llegan, habrá una presión insoportable sobre la compañía adquirida (es decir, sus empleados) para que “muestren el dinero”, tras lo cual habrá mucha desdicha de oficina. Una razón por la cual las fusiones y adquisiciones terminan causando amargura a todos no es muy diferente a lo que causa la infelicidad y el colapso de los imperios: los conquistadores aseguran que traerán felicidad y bienestar para todos, pero imponen una cultura ajena y suprimen la libertad. Tras pugnas que terminan con la eliminación de muchos empleos —no es tan malo como perder vidas, pero aun así— las partes deciden separarse. Quizá Satya Nadella, el jefe de Microsoft, tiene su mira puesta en el muy largo plazo. ¿Es esto parte de la pugna por la supremacía contra los otros titanes en el campo: Google, Apple, y Facebook? ¿Es Nadella el jugador de ajedrez que ya imagina el jaque mate tras las primeras jugadas? Para su crédito, se oponía a la adquisición de Nokia. Pero ahora ha tomado una decisión mucho más audaz y más cara. Entretanto, citamos al analista de Forbes: “Por 26.000 millones, el comprador debería obtener algo que produce ganancias prodigiosas y en rápida expansión o que tiene valor estratégico inconmensurable. No es posible argumentar que LinkedIn ofrece lo uno o lo otro.” Concluiremos por decir que es demasiado pronto para decir.

 

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